Un poema debe tener el filo suficiente para abrir la carne y llegar al alma. Autor desconocido

jueves, 25 de noviembre de 2010

Resistamos

Vuelvo inevitablemente una y otra vez a mis obsesiones, a mis dolores.
Leí La Resistencia de Sábato y de pronto una honda tristeza estremeció mi pecho. Una especie de melancolía primigenia, de angustia compartida al leerle. Mas un dulce aliento me reconfortó, alivió mi corazón magullado. Somos muchos los que ansiamos un mundo más humano, más digno.

Un mundo donde no haya nadie que le falte donde vivir o que comer.
Donde los hombres tengan educación adecuada para llegar donde sus capacidades le permitan.
Donde haya aire limpio, donde se escuche la voz del otro sin necesidad de gritar por ruido o sordera interior.
Donde se respete al anciano, al inválido, al débil mental, al esquizoide, al ignorante y al petulante.
Donde cada hombre pueda conocer el Bien y el Amor.
Donde se busquen y admiren las actividades que nutran el espíritu humano, no las que lo vacían y alienan.

Nos queda, inmersos en este caos abrumador que vivenciamos día a día, enarbolar la bandera del amor y de la verdad, en lucha tranquila y confiada en lo que creemos y soñamos, aún así nos pisoteen, nos señalen, nos insulten y nos humillen.
Nos queda ser coherentes, honestos, actuar más y hablar menos, luchar con nuestras contradicciones.
Nos queda abrazar a nuestros amigos, a nuestra familia, como si en ese abrazo se nos fuera la vida, queriendo en un solo abrazo abarcar la humanidad toda.
Nos queda volcarnos en las aguas salvíficas de las letras, la pintura y la música, para que nos arrullen con su canto de sirenas.
En fin, mirar hacia dentro y reconocer a la criatura bondadosa que somos, y sonriéndole decir:
¡Eres capaz de más!
(marzo 2007)

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